Palabras del presidente de la República Juan Manuel Santos en la inauguración de la edición 30 de la Feria internacional del libro de Bogota

Palabras del presidente de la República Juan Manuel Santos en la inauguración de la edición 30 de la Feria internacional del libro de Bogota.

Qué alegría venir a la Feria Internacional del Libro de Bogotá en un momento tan significativo que podría resumir en tres hitos:

Primero: se cumplen 30 años de esta feria maravillosa, desde cuando un grupo de visionarios de la Cámara Colombiana del Libro –liderados por Jorge Valencia Jaramillo–, con la complicidad afortunada de Corferias, crearon este espacio cultural que se convirtió en una de las ferias del libro más importantes de la región y del mundo.

Segundo: tenemos la presencia bienvenida de Francia, como país invitado de honor, en el marco del Año Colombia-Francia, el programa de cooperación e intercambio cultural más ambicioso que hayamos realizado jamás entre nuestros dos países.

Desde diciembre hemos venido disfrutando el gran desembarco cultural francés en nuestro suelo, y a partir de junio nuestro país será el protagonista en Francia con más de 200 proyectos que incluyen música, teatro, cine, literatura, gastronomía…

Habrá jornadas literarias en la Red de bibliotecas públicas de París, así como la presencia de nuestros escritores en instituciones y festivales emblemáticos del país galo.

Y el tercer hito es un hecho que nos tiene que llenar a todos de júbilo: esta es la primera feria del libro de Bogotá que se celebra en una Colombia en paz, sin conflicto armado con las FARC.

Esta es la primera feria del libro en que las palabras ya no vienen a consolar a un pueblo angustiado por la violencia fratricida sino a estimular a una nación decidida a progresar, a avanzar con la fuerza de su cultura y su talento por el camino de la felicidad, con una condición muy sencilla pero muy anhelada –que habíamos perdido–: la normalidad, la cotidianidad de la vida sin guerra.

Leí el domingo en la prensa un bellísimo artículo que escribió Sandra Inés Henao, esposa del general Javier Flórez, sobre lo que significa para ella –que ha estado acompañando por años a nuestros soldados heridos y mutilados por el conflicto armado– la nueva realidad de que en el Hospital Militar ya no hay jóvenes soldados sufriendo y perdiendo lo mejor de su vida.

“Mi hospital militar era el hospital de la guerra, del dolor, de la lucha”, dice Sandra Inés.

“Ahora ¡voy a empezar de nuevo a ser una mujer normal! (…) Voy a mirar un nuevo horizonte porque los resultados de todo este esfuerzo se están convirtiendo en realidad. ¡Mis nietos crecerán en un país en paz!

“Mañana no me quiero preocupar más por la guerra. Quiero preocuparme por las cosas normales de la vida: ¡Vivir! ¡Soñar! ¡La lucha diaria! ¡El transporte! ¡El clima! ¡La política!

“¡Será el principio de mi nueva vida! Vivir en una Colombia donde no llegan más heridos y amputados al Hospital Militar Central”.

Ese es el símbolo de lo que vive ahora nuestra nación, del nuevo día que despunta en el horizonte, y de la Colombia que hoy recibe con los brazos abiertos a miles de visitantes que vienen a encontrarse con los libros y la cultura.

¡Y qué oportuno que sea Francia la invitada a esta primera feria del libro en paz!

Francia… la patria de la Ilustración, que dio luz a un mundo oscurecido por los mitos y los dogmas.

Francia… la patria de la Revolución, que encendió la antorcha de la esperanza bajo su lema “Igualdad, Libertad, Fraternidad”.

Francia… la tierra de Voltaire, Montesquieu y Rousseau; de Víctor Hugo, Dumas, Flaubert y Balzac; de Sartre y Simone de Beauvoir; de Camus y Saint-Exúpery… de tantos escritores, filósofos e intelectuales que han seguido aportando al mundo, como los que nos visitan en esta Feria de Bogotá.

Francia… el país de la razón y las libertades, que el próximo 7 de mayo definirá su destino democrático.

Desde Colombia, deseamos todo lo mejor al pueblo francés, y ese deseo lo sintetizo en una frase:

¡Que sigan siendo la nación de la Libertad, de la Igualdad y de la Fraternidad!

Saint-Exúpery, el autor de esa inolvidable obra para niños y adultos que es El Principito, nos mostró en su hermosa parábola el absurdo de las cosas que tanto nos afanan en el mundo: el poder, el dinero, la fama, el conocimiento por sí mismo…

Al final nos enseña, de forma dulce y sencilla, que lo importante es cuidar a tu rosa –y saber que tu rosa es única porque la amas–; que lo importante es ayudar a tu amigo –así al principio deban “domesticarse” mutuamente–…

Y lo resume con una de las afirmaciones más famosas de la literatura del siglo XX: “Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”.

¡Lo esencial es invisible para los ojos! Eso me recuerda el texto que les acabo de compartir sobre el Hospital Militar.

En medio de los debates sobre si el acuerdo de paz es bueno o es malo; sobre si la justicia especial es suficiente o no; sobre la representación política o la reincorporación de los excombatientes… muchos están perdiendo de vista lo esencial, lo puro, lo importante. ¡Y eso es la vida humana!

Esas decenas, cientos, miles de familias que hoy viven sin miedo, sin angustia, sin temor a la muerte; que recuperan el sencillo placer de compartir y sentir la cotidianidad… ¡ESA ES LA VERDADERA RAZÓN DE LA PAZ!

Pero para verla, hay que hacerlo con el corazón. Porque lo esencial es invisible para los ojos.

Y quiero traer a cuento a otro autor francés, uno que me ha impactado siempre –tal vez por mi experiencia con el mundo de la prensa–, que es Albert Camus.

Camus, el 7 de diciembre de 1955, dio un inspirado discurso en París, en honor al expresidente Eduardo Santos, quien recibía el respaldo de la intelectualidad francesa luego de haber salido al exilio por el cierre de su periódico El Tiempo, en épocas de la dictadura.

Dijo Camus en su discurso:

“Siento angustia todos los días cuando veo la decadencia de las energías liberales, la prostitución de las palabras, las víctimas calumniadas, la cobarde justificación de la opresión, y la demente admiración del uso de la fuerza.

“Vemos la inteligencia buscar justificaciones a su miedo, y creyéndoselas, pues cada acto de cobardía tiene su propia filosofía”.

Los temores de Camus los vivimos en el mundo todavía –y cada vez más, infortunadamente–, y Colombia no es la excepción.

Frente al impulso vivificante de las ideas liberales, tolerantes, amantes de la paz, promotoras del diálogo por encima de la fuerza… se yergue la actitud monolítica de muchos que prefieren la exclusión, la discriminación y los dogmas; que privilegian la venganza sobre el perdón, y la guerra sobre la reconciliación.

Eso está pasando en todas partes. Yo he hablado de una dicotomía entre las fuerzas del amor –entendido como unidad, compasión, tolerancia– y del miedo –que se convierte en segregación, exclusión, odio al diferente–.

Señoras y señores: como Albert Camus y Eduardo Santos hace más de 60 años, los colombianos y los habitantes del planeta tenemos que definirnos y tomar partido, y tenemos que hablar en voz alta para defender nuestros ideales, nuestra democracia, nuestra paz, y nuestra casa común que es la tierra.

Escojamos el amor y superemos el miedo.

Escojamos la tolerancia y superemos la exclusión.

Demostremos que somos dignos de la vida que se nos ha dado, y de esta Tierra maravillosa que es de todos y para todos.

Recordemos que somos diversos, pero a la vez somos uno.

Porque nuestro pueblo se llama el mundo. Y nuestra raza –nuestra única verdadera raza– ¡se llama humanidad!

Y para todo esto –para defender la vida y la paz– tenemos la palabra, tenemos los libros, esos libros que –como dice el lema de esta feria– hacen volar.

Desde el Gobierno venimos promoviendo el libro y la lectura como instrumentos no solo del saber, sino de libertad y de paz.

Comenzamos por la infancia, por este tiempo vital en que se adquieren los hábitos, y hoy podemos decir que la meta de lograr pasar de un promedio de 1,9 libros leídos por año a 3,2 libros por año, para el 2018, ¡ya la cumplimos con nuestros niños!

Hoy por hoy, los niños entre 5 y 11 años –como dando una lección a los adultos– ya leen 3,2 libros al año en promedio.

Y las pruebas Saber del año pasado nos muestran que los promedios de nuestros estudiantes en Lenguaje subieron en todos los grados que se miden: en tercero, noveno y once.

Este es el resultado de un esfuerzo conjunto y permanente de los ministerios de Cultura y de Educación a través del Plan Nacional de Lectura y Escritura “Leer es mi Cuento”.

Ya hemos construido, dotado y rehabilitado más de 180 bibliotecas en todo el país –sobre todo en los municipios más apartados y afectados por la violencia–, y llegaremos a 200.

Y son millones, ¡millones!, los libros que hemos entregado para dotar bibliotecas públicas y escolares, y centros de atención para los niños en la primera infancia.

Nuestra política hacia el libro y la lectura, y nuestra Red Nacional de Bibliotecas Públicas, son un modelo para la región, y muchos países han expresado al Centro para el Fomento del Libro de América Latina y el Caribe –Cerlalc–, su interés en replicarlo.

Y resalto finalmente el proyecto de Bibliotecas Públicas Móviles del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional, que ha instalado 20 bibliotecas en 20 veredas de 13 departamentos del país, donde funcionas zonas de normalización de las FARC.

No son solo libros, sino verdaderos espacios de diálogo cultural, de conectividad y construcción de comunidad. ¡Son el símbolo del nuevo país que nos permite la paz!

Apreciados amigos:

Ahora que he hablado del amor, no puedo terminar sin hacer referencia al gran escritor vallecaucano Jorge Isaacs.

Hace 150 años se publicó María, la novela romántica por excelencia, que conmovió a lectores no solo colombianos sino del mundo, y por eso este año se ha declarado como el “Año Jorge Isaacs”.

Y no puedo dejar de compartirles una anécdota… Ayer estuve en visita oficial en Paraguay y pude constatar –con gran satisfacción– lo que me venía diciendo el presidente Cartes: el cariño y la gratitud que guardan por los colombianos en este país.

¿Y saben por qué? Porque entre 1864 y 1870 Paraguay se enfrentó a tres de sus vecinos –la Triple Alianza– en una guerra desigual que lo dejó al borde de la extinción como nación. Su población pasó de 1 millón 300 mil a solo 200 mil personas, casi todas mujeres, pues los hombres murieron en la guerra.

En medio de ese dolor, Colombia fue solidaria con el país vencido y nuestro Congreso aprobó una ley –en 1869– declarando que, en caso de extinguirse la nación paraguaya, ningún paraguayo podría considerarse paria pues, con solo pisar tierra colombiana, ¡sería declarado automáticamente como colombiano!

Ese gesto de apoyo en los momentos difíciles sigue siendo reconocido y apreciado por el pueblo paraguayo.

¿Y saben quién firmó esa ley de fraternidad humana? ¡Pues nada menos que Jorge Isaacs, como presidente del Congreso!

Así que ahí les dejo otro motivo para celebrar a este poeta y novelista, que escribió la novela colombiana más importante del siglo XIX, y que murió un 17 de abril, el mismo día en que murió Gabo –que escribió la novela colombiana más importante del siglo XX–.

María se publicó en 1867 y Cien Años de Soledad en 1967, precisamente cien años más tarde. ¡Algo de mágico –de realismo mágico– hay en estas coincidencias!

¡Volvamos a leer estas grandes novelas!

¡Volvamos a leer El Principito o El Extranjero!

¡Volemos con la lectura de los nuevos autores de Colombia, de Francia, del mundo, que nos visitan este año, incluyendo a dos premios Nobel de Literatura: Coetzee y Naipaul, y a Richard Ford, ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras!

Porque los libros tienen alas… y con ellas viajamos.

Por eso les propongo que viajemos a un mundo posible: al de la paz, la tolerancia y la reconciliación.

Les propongo que le hagamos caso al corazón.

No olvidemos jamás que… ¡LO ESENCIAL ES INVISIBLE PARA LOS OJOS!

publié le 27/04/2017

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